Planificación vs. Improvisación: herramientas para encontrar el tan necesario – como difícil- equilibrio

Dejate llevar…

No te arriegues…

Sé libre…

Preparate bien …

Estas frases resumen los mandatos que se activan cuando decidimos emprender un viaje de esos sin fecha de vuelta… Por más contradictorios que suenen, son estos polos opuestos los que nos tienen bailando entre las culpas por no ser lo suficientemente espontáneas/os como para “fluir y confiar”, ni lo suficientemente organizadas/os como para “dejarlo resuelto y ordenado”

Acá es necesario volver a diferenciar el funcionamiento de unas vacaciones cortas del de un viaje como estilo de vida. Cuando nos tomamos unos días, y salimos a descansar, rige algo que a mí me gusta llamar “período de excepción“, un paréntesis de la vida tal como la conocemos donde tenemos permitidos otros gastos, otros ritmos, otras intensidades…

Allí no es tan loco pensar en 10 días planificados en detalle, corriendo de una excursión a otra, acoplando salidas y paseos en cada minuto disponible…. Tampoco resulta tan riesgoso imaginarse salir sin plan ni presupuesto y tener que recurrir a una tarjeta de crédito que nos salve o a una vuelta adelantada que nos devuelva la comodidad…

Nos es tan loco ni tan grave, porque después de esos 10, 15, 20 días nos quedan los trescientos y tantos que sobran del año para “recuperarnos”, pagar deudas, descansar, no hacer actividades…

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Pero cuando hablamos de un viaje de esos largos, de esos que de entrada no tienen una fecha de vuelta establecida, el juego cambia un poco. Ni hablar cuando contemplamos la posibilidad de trabajar y vivir, de quedarnos y probar.

Es que si no sabes de qué vas a trabajar, o qué tanto vas a disfrutar de tal o cual clima, resulta muy forzado pensar en definir ruta por anticipado para 4, 6, 10 meses. Y a la vez, en estos viajes, si no llevas ni un plan de ruta básico, terminas asumiendo riesgos innecesarios.

Entre la rigidez del plan extremo y el agotamiento de la improvisación constante (creeme que tener que ir decidiendo todo en la marcha cansa hasta al más pila) quiero contarte que hay miles de posibilidades.

Y pensando en ese equilibrio, hoy quiero compartirte unos tips que pueden ayudarte a encontrarlo:

  • Hacé una ruta “base” que se mantenga flexible: con un plan semi-armado le vas a dar el mensaje a tu cerebro de que eso está resuelto, y va a poder liberar espacio para el disfrute (espacio que sino sería ocupado por la lista de mini-decisiones pendientes que nunca acaban).
  • Dejá espacios libres en la agenda horas, tardes, días y hasta semanas enteras,para habilitar actividades nuevas que aparezcan, pero también para que sean esas pausas tranquilas que te ayuden a recuperar energía.
  • No huyas de la comodidad (no creas el mito de que para ser viajera/o hace falta vivir al extremo todos los días): garantizate – al menos cada tanto- llegar a un lugar cómodo con una cama limpia y una ducha calentita (siempre y cuando eso sea comodidad para vos).
  • Averiguá sobre el “estilo” del país o los países destinos ( hay países como Nueva Zelanda, donde anticipar una reserva de hostel 3 días puede ahorrarte media estadía, mientras en lugares como Ecuador o Marruecos siempre es más conveniente llegar al lugar, caminar y empezar a regatear hasta conseguir algo conveniente)
  • Conocé tus límites y cuidate, teniendo claro lo que no querés es más fácil decidir con tranquilidad y sin (tanta) culpa.Lo importante, creo yo, es preguntarse cuáles son los mínimos con los que queremos contar y cuáles son las libertades que no queremos resignar.
  • No le quieras demostrar nada a nadie (ni a vos misma/o) : ni que pudiste hacerlo tal como lo pensabas, ni que sos la persona más espontánea del mundo… ninguna de las dos van a ser opciones reales, y lo único que vas a conseguir queriendo alcanzarlas es exigirte y -probablemente- frustrarte…

Aunque quizás te hayas cansado de escucharlo, cierro repitiendo uno de mis pilares (y mantras) preferidos: cada persona es diferente, y cada viaje es único….

Muy probablemente lo que a mí me gustaría tener previsto no sea lo mismo que a vos te gustaría llevarte resuelto… Esto, como casi todo en la vida, es una construcción singular que probablemente encuentre su punto en algún lugar entre los extremos…

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Mi invitación hoy es amigarse con las dos palabras, porque son necesariamente parte del viaje…

Algo así como planificar lo planificable para poder disfrutar plenamente de lo imprevisible

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